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Medir la temperatura a todos

La pregunta que cala en el contexto del Covid-19 y la progresiva reapertura de actividades que ha comenzado en muchos lugares es cómo reducir al máximo posible que una persona infectada por coronavirus pueda esparcirlo y catalizar nuevamente la pandemia al interactuar en lugares públicos.

Distanciamiento social, el uso de mascarillas, caretas y guantes y evitar concentraciones de personas son medidas de gran importancia, pero lo realmente eficaz es que personas infectadas de coronavirus, con o sin síntomas, se queden aisladas en casa (o en un hospital en casos severos) para cortar de tajo la posibilidad de contagio.

El dilema es que el Covid-19 es una enfermedad muy contagiosa, capaz de eludir muchas de las medidas de prevención que funcionarían para otros males, sobre todo porque personas sin síntomas pueden contagiarlas y porque varios de sus síntomas son similares a los de otras enfermedades respiratorias.

Así, solo con la práctica de pruebas de diagnóstico constantes puede identificarse a cabalidad si una persona está infectada o no, e incluso estos test tienen margen de error de importancias variables. Pero ante la incapacidad de practicar esos exámenes a escala masiva y en todo momento y lugar y de obtener resultados rápidos, la incertidumbre sobre si una persona que acude a su trabajo, a un restaurante, a una tienda o a un aeropuerto está contagiada o no es considerable.